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Entorno económico, financiero y regulatorio

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EL ESCENARIO GLOBAL FUE SÓLIDO EN 2018, PERO LAS PRIMERAS DUDAS SOBRE LA CONTINUIDAD DE LA EXPANSIÓN GLOBAL INFLUYERON EN EL SENTIMIENTO DE LOS INVERSORES.

El escenario macroeconómico continuó siendo sólido en 2018. El crecimiento global se situó por encima del 3%, superando el potencial por segundo año consecutivo. No obstante, a diferencia de 2017, en general, el comportamiento de las principales economías fue de “más a menos” a lo largo del año, lo que se tradujo en un deterioro de la confianza de los agentes. EEUU se diferenció positivamente, y Europa, Japón y la mayoría de los países emergentes en sentido negativo. Entre las grandes economías, solo EEUU creció en 2018 más que en 2017 (2,9% vs 2,2%). En lo que respecta a la eurozona, se debilitó más de lo esperado, hasta un ritmo del 1,8% desde un 2,5% en 2017, acusando el enfriamiento del comercio mundial, el cambio de regulación de las emisiones en el sector del automóvil, el fuerte aumento de los precios del petróleo (hasta su desplome en octubre) y la incertidumbre por el Brexit y por el enfrentamiento fiscal de Italia con la Comisión Europea.

Además, esta compleja situación política en Europa, sumada al enfrentamiento comercial entre EEUU y China y al endurecimiento de la política monetaria en EEUU, provocó un empeoramiento en el balance de riesgos globales, que conllevó un importante deterioro del sentimiento del mercado en los últimos meses del año y abultadas caídas en los principales índices bursátiles.

La compleja situación política en Europa y las tensiones comerciales entre China y EEUU supusieron un empeoramiento en el balance de riesgos globales

En cuanto a la normalización de la política monetaria, 2018 deparó cambios importantes, al intensificar la Reserva Federal de Estados Unidos sus subidas de tipos de interés y cerrar el BCE su programa de compra de activos. Concretamente, en EEUU se implementó una subida de tipos de un punto porcentual, hasta el rango 2,25%- 2,50%, y una reducción del balance de la Reserva Federal de casi 400.000 millones de dólares. En la zona del euro, el BCE pasó de comprar activos por importe de 60.000 millones en 2017 a dejar de hacerlo a finales de 2018.

Este endurecimiento de la política monetaria propició que las rentabilidades de la deuda pública estadounidense repuntasen durante el año, aunque en menor medida en los plazos más largos, por las numerosas incertidumbres registradas y por no verse tan afectados por los cambios en política monetaria. Como consecuencia de ello, el diferencial entre los plazos a 10 y dos años cayó desde los 55 hasta los 10 puntos básicos, lo que acrecentó los temores sobre la proximidad de una recesión.

Por otro lado, en la eurozona, las rentabilidades de los bonos a 10 años descendieron de forma bastante generalizada (20 puntos básicos en Alemania y 15 puntos básicos en España), siendo la excepción más llamativa Italia, donde repuntó en 75 puntos básicos.

INERCIA EXPANSIVA EN ESPAÑA

Aunque con un perfil de desaceleración, la economía española mantuvo, a lo largo de 2018, una elevada inercia expansiva, de modo que el PIB anotó un crecimiento del 2,5%, inferior al del año anterior (3%).

Esta solidez contrasta con el notable debilitamiento que experimentaron los socios europeos, de modo que el diferencial de crecimiento del PIB favorable a España se amplió hasta 0,7 puntos (0,5 puntos en 2017).

La desaceleración observada en el ritmo de crecimiento se debió a la pérdida de protagonismo de algunos vientos de cola en los que venía apoyándose el dinamismo de la economía: bajos precios del petróleo, gasto embalsado durante la crisis, empuje del sector turístico, comportamiento positivo de las economías del entorno, etc.

En este contexto, el mercado laboral siguió creando empleo de forma intensa. La ocupación aumentó por quinto año consecutivo. El número de ocupados en términos EPA creció más de 566.000 personas hasta superar ligeramente los 19,5 millones, y la tasa de paro se redujo hasta el 14,4% de la población activa, el mejor dato registrado en la última década.

El crecimiento en 2018 estuvo más orientado a la demanda interna, especialmente la inversión en bienes de equipo, que fue el componente más dinámico. En línea con la fortaleza de la demanda y aprovechando su elevada capacidad de financiación, las empresas continuaron modernizando el stock de capital e incorporando los procesos de digitalización al tejido productivo. Por su parte, el gasto de las familias se moderó ligeramente, aunque dentro de un tono todavía positivo, al verse afectado por el repunte de la inflación y la progresiva absorción del gasto embalsado, si bien se prolongó el dinamismo del empleo y comenzaron a recuperarse los salarios.

El diferencial de crecimiento del PIB favorable a España respecto a sus socios europeos se amplió hasta 0,7 puntos en el ejercicio 2018

La inversión en construcción intensificó su ritmo de crecimiento, apoyada tanto en la recuperación de la inversión pública, tras el frenazo del año anterior, como, sobre todo, en el empuje del segmento residencial.

En este sentido, el mercado de la vivienda mantuvo un tono positivo, apoyado en el favorable contexto económico y en la mejora de las condiciones de financiación. Tras cinco años de repunte, las compraventas siguieron creciendo a un intenso ritmo, aunque los niveles continúan alejados de los máximos precrisis, y la promoción de nueva vivienda fue ganando impulso. En media, los precios mostraron un crecimiento superior a la inflación, si bien se detectaron tensiones al alza en municipios puntuales, más demandados y con escasez de oferta.

Por su parte, la demanda externa contribuyó negativamente al crecimiento del PIB, algo que no sucedía desde 2015. Ello fue consecuencia del contexto internacional menos favorable, derivado del deterioro del comercio mundial y el menor empuje de las principales economías europeas, lo que se tradujo en un debilitamiento de las exportaciones, tanto de bienes como de servicios (turismo).

En 2018 se prolongó la corrección de los desequilibrios, se mantuvo el superávit externo y el sector privado siguió desapalancándose. Por séptimo año consecutivo, la economía española generó capacidad de financiación, si bien se redujo hasta el 1,5% del PIB hasta septiembre (2,1% el año anterior). A su vez, esta posición financiera saneada permitió compatibilizar el avance de la inversión con la reducción de la elevada deuda privada, que se situó en mínimos desde 2004 (153,5% del PIB).

Por lo que respecta a la inflación, tras la senda ascendente inicial, fruto del encarecimiento de los combustibles, en el tramo final del año se moderó y cerró en el 1,2%, tasa que supera en una décima la de 2017. La media anual fue del 1,7% (2% anterior).

LAS PREVISIONES EN EL MUNDO Y ESPAÑA

A nivel global, el escenario más probable para 2019 es que el crecimiento mundial se modere ligeramente. En general, se espera que la mayoría de principales economías crezcan algo menos que en 2018 y que, entre las desarrolladas, se reduzca, en parte, el gap a favor de EEUU. Las previsiones sitúan el crecimiento medio de EEUU en torno al 2,3% y el de la zona del euro en el 1,2%. En lo que respecta a la política monetaria, las perspectivas para 2019 son que la Reserva Federal siga aumentando tipos, pero a menor ritmo (el mercado cotiza sólo 25 puntos básicos adicionales), mientras que el BCE podría iniciar su proceso de subidas en el último trimestre.

Como consecuencia, es previsible que las rentabilidades de la deuda aumenten, pero de forma muy limitada tanto en EEUU como en Europa.

En España, para 2019 las previsiones apuntan a una prolongación de la fase expansiva, aunque dentro de una senda de progresiva moderación de los ritmos de crecimiento, debido, principalmente, al menor dinamismo de los mercados de exportación, lo que llevaría a que el avance del PIB se situara en el entorno del 2,2%.

Entre los riesgos que rodean este escenario, destacan, en el ámbito externo, posibles tensiones en los mercados financieros, una escalada del proteccionismo o la incertidumbre derivada de la política presupuestaria en Italia y el Brexit.

A nivel interno, el contexto político puede frenar la aplicación de las necesarias reformas estructurales y el proceso de consolidación fiscal, mientras que la elevada deuda pública limita el margen de la política fiscal para afrontar futuras crisis.

SISTEMA BANCARIO ESPAÑOL

El sistema bancario español continuó en 2018 beneficiándose del tono positivo del entorno económico doméstico, lo que se reflejó en el avance de la actividad, el aumento significativo de la calidad de los balances y la mejora de la rentabilidad.

En cuanto a la actividad, el saldo del crédito a hogares dejó de caer por primera vez desde 2010, acabando el año con un volumen ligeramente superior al del ejercicio anterior. Este resultado fue fruto de la buena marcha de la nueva producción de vivienda y, especialmente, de la vitalidad de la financiación al consumo, en línea con el momento económico, que se mantiene al alza desde 2016.

Por su parte, el saldo del crédito a empresas no financieras disminuyó durante 2018, condicionado, principalmente, por las ventas de carteras de morosos en los sectores relacionados con la vivienda. No obstante, el flujo de financiación mostró una recuperación vigorosa del crédito nuevo a empresas en operaciones de más de un millón de euros, mientras que las de importe inferior al millón, asociadas habitualmente a pymes, mantuvieron su senda de crecimiento.

Respecto a los recursos, los depósitos evolucionaron favorablemente, mientras que fuera de balance el comportamiento de los fondos de inversión se vio afectado en la segunda mitad del año por la mayor volatilidad de los mercados.

Este ejercicio, además, se produjo un importante aumento de la calidad del balance de las entidades. El volumen de activos dudosos a nivel doméstico descendió de forma pronunciada hasta situarse por debajo de los 75.000 millones de euros, es decir, un 60% menos que el máximo observado durante la crisis en diciembre de 2013. La evolución se apoyó en las favorables condiciones de la economía y en la venta activa de carteras por parte de las entidades bajo el escrutinio creciente del supervisor. Gracias a este ajuste, el volumen total de crédito dudoso correspondiente al sector privado residente volvió a niveles de 2009.

La mayor actividad y, especialmente, las menores pérdidas por deterioro de activos debido a la caída de dudosos, permitieron mejorar la rentabilidad del sector en la actividad doméstica. Con todo, la rentabilidad sobre recursos propios siguió estando por debajo del coste del capital, restringida por un entorno operativo de tipos de interés extraordinariamente bajos y, consiguientemente, márgenes muy estrechos.

En este contexto, las entidades siguieron buscando ganancias de eficiencia a través de estrategias como la contención de costes, el aumento de escala mediante operaciones corporativas y la apuesta por la digitalización.

Las ratios de solvencia se mantuvieron estables en el ejercicio, logrando compensar el impacto negativo de los ajustes transitorios asociados a Basilea III y de los nuevos ajustes en capital derivados de la introducción de la norma NIIF 9 sobre valoración de instrumentos financieros.

La fortaleza de la banca española fue validada en las pruebas de estrés realizadas por la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). En este examen, el sector bancario europeo, en general, presentó una resistencia superior a la demostrada en el test de 2016 y, concretamente, las entidades españolas participantes demostraron una capacidad de resistencia superior a la del conjunto europeo en el escenario adverso, partiendo de ratios de capital más bajas.

En el ámbito regulatorio, el ejercicio estuvo marcado, a nivel mundial, por la finalización de la segunda fase de Basilea III, cuyo objetivo es reducir la excesiva variabilidad de los activos ponderados por riesgo y mejorar la comparabilidad entre entidades, culminando así el marco regulador impulsado por el G20 tras el estallido de la crisis financiera.

En Europa, continuó el camino para completar la Unión Bancaria con la creación de un respaldo financiero para el Fondo Único de Resolución, facultad que fue otorgada al Mecanismo Europeo de Estabilidad, aunque queda pendiente la creación de un Sistema Común de Garantía de Depósitos, tercer pilar de la Unión Bancaria, y la implementación plena del requisito de absorción de pérdidas MREL.

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