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Entorno económico, financiero y regulatorio

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EL EJERCICIO 2017 ESTUVO MARCADO POR LA RECUPERACIÓN DE LA ACTIVIDAD BANCARIA EN UN CONTEXTO DE PRESIÓN REGULATORIA Y BAJA RENTABILIDAD.

EL AÑO PASADO FUE EL MEJOR PARA LA ECONOMÍA MUNDIAL DESDE 2011. EL CRECIMIENTO GLOBAL FUE DINÁMICO, PRÓXIMO AL 3,5%. 

La fortaleza de los países europeos resultó especialmente destacable debido a que la mejora de 2017 fue cuantitativa y cualitativa, con un crecimiento más equilibrado por países (Francia e Italia, que permanecían rezagadas, se reactivaron) y por componentes de la demanda (la aceleración del consumo redujo la dependencia del sector exterior).

Las economías emergentes también mejoraron gracias, principalmente, a la fortaleza de China (6,9%) y a la recuperación de Brasil y Rusia, que salieron de la recesión.

En conjunto, por primera vez en más de seis años, todas las principales economías crecieron por encima de su potencial, lo cual permitió reducir la capacidad ociosa y dio un empujón a la inflación global, alejando el riesgo de deflación. En concreto, en la zona del euro los precios se incrementaron en 2017 un 1,5%, frente al 0,2% de 2016.

La solidez macroeconómica fue un importante factor de estabilidad para los mercados financieros, en contraste con los episodios puntuales de incremento del riesgo político (incertidumbre generada por la Administración Trump, el Brexit, incertidumbre política en Cataluña o las dificultades para formar gobierno en Alemania) y geopolítico (Corea del Norte, atentados islamistas, tensiones entre Irán y Arabia Saudí).

En este escenario, los bancos centrales fueron ganando, poco a poco, confianza en la sostenibilidad de la expansión global y dieron pasos para la retirada progresiva de los estímulos monetarios. La Reserva Federal de Estados Unidos subió su tipo de interés en tres ocasiones, hasta situarlo en el rango 1,25%-1,50%, y empezó a reducir su balance en octubre.

El Banco Central Europeo (BCE) disminuyó el ritmo mensual de compras de activos en abril desde 80.000 a 60.000 millones y comunicó una rebaja adicional, hasta 30.000 millones de euros, a partir de enero de este año, aunque extendió su programa hasta septiembre.

Esta sincronía en la actuación de los principales bancos centrales generó cierta presión alcista sobre las tasas de rentabilidad, si bien una inflación todavía baja (especialmente en los países del euro), la incertidumbre geopolítica y las dudas sobre la capacidad de EEUU de sacar adelante su reforma fiscal limitaron su recorrido alcista.

El bono español a 10 años se comportó bien, a pesar de la incertidumbre política en Cataluña, y la prima de riesgo se mantuvo entre los 100 y los 130 puntos básicos, reduciéndose en el inicio de 2018 hasta los 70-80 puntos básicos.

BRÍO EN LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

Tras cuatro años de expansión, el PIB superó los niveles anteriores al estallido de la crisis en 2008.

El vigor de la actividad se tradujo en una intensa creación de empleo, con 490.000 ocupados más en términos EPA para un total que se aproximó a los 19 millones, el mejor cierre desde 2008, lo que, a su vez, permitió reducir la tasa de paro hasta el 16,5% de la población activa, la más baja de los últimos nueve años. En todo caso, la factura de la crisis sigue presente en términos de empleo, ya que aún faltan por recuperar 1,75 millones de ocupados.

LA ECONOMÍA ESPAÑOLA MANTUVO A LO LARGO DE 2017 UN TONO UY DINÁMICO , CON UN CRECIMIENTO DEL PIB DEL

3,1% 

La inercia de la economía siguió beneficiándose de las favorables condiciones de financiación, del empuje del sector turístico (que continuó marcando cifras récord) y, en especial, del positivo comportamiento de las economías del entorno.

A diferencia de lo que sucedía en el pasado, el crecimiento está siendo compatible con la corrección de los desequilibrios que históricamente acababan truncando la expansión (como el déficit externo y la deuda privada) y se sustenta en todos los componentes de la demanda, tanto el consumo y la inversión como las exportaciones.

El gasto de las familias prolongó la senda de suave moderación iniciada a mediados de 2015, al amortiguarse algunos factores que lo impulsaron (rebaja fiscal, reducida inflación), mientras se mantenían otros (comportamiento positivo del mercado laboral, descenso de los tipos de interés). Las empresas, por su parte, aprovecharon su elevada capacidad de financiación para seguir aumentando y mejorando el stock de capital productivo y reducir su endeudamiento.

La construcción, que el año anterior se vio lastrada por el frenazo de la inversión pública, aceleró su ritmo de crecimiento, gracias básicamente al segmento residencial. Aunque con notables diferencias territoriales, el mercado de la vivienda mantuvo un comportamiento muy dinámico, que siguió impulsando tanto los precios como la promoción inmobiliaria.

Por lo que respecta a la demanda externa, esta volvió a contribuir de forma positiva al crecimiento del PIB, gracias a la solidez de las exportaciones (en parte por el tirón de las economías europeas), pero también por los continuos esfuerzos para mejorar la competitividad del tejido productivo, no solo mediante ajustes de precios y costes, sino también con avances en innovación y en internacionalización de las empresas.

Desde 2012 la economía genera capacidad de financiación, equivalente actualmente al 2% del PIB, lo que está permitiendo financiar la inversión y continuar reduciendo el apalancamiento del sector privado. De hecho, la deuda de hogares y empresas se ha situado en el 159,9%, la cifra más baja en 12 años.

En el caso de la inflación, el ejercicio se inició con máximos de cuatros años (3%) y posteriormente inició una senda descendente hasta cerrar el año en el 1,1%, frente al 1,6% de 2016. La media anual fue del 2,0% (-0,2% anterior).

Para 2018 estimamos una moderada ralentización del ritmo de crecimiento, si bien la fuerte inercia expansiva y el favorable contexto exterior favorecerán un avance medio del PIB próximo al 3%.

NEGOCIO BANCARIO Y REGULACIÓN

En el ámbito bancario, el ejercicio destacó por el aumento de la fortaleza de las instituciones y la recuperación de la actividad en unas condiciones financieras y regulatorias muy exigentes para la rentabilidad.

A lo largo del año, las entidades nacionales reforzaron sus balances y volvieron a mejorar su capacidad para absorber shocks. Los indicadores de solvencia aumentaron y la ratio de morosidad del crédito se redujo en más de un punto porcentual hasta situarlo por debajo del 8%. La resolución de Banco Popular, que fue absorbido por Santander en junio, no planteó problemas para la estabilidad del sistema.

La actividad bancaria nacional se vio favorecida por el tono dinámico de la economía y por las favorables condiciones financieras. El crédito nuevo a hogares y a empresas ganó impulso y alcanzó un importe acumulado de más de 400.000 millones de euros (excluyendo renegociaciones), un 11% más que el año anterior.

El avance fue generalizado en todos los sectores, entre los que destacan pymes, autónomos, consumo y vivienda. Esta evolución positiva, sin embargo, no evitó que el volumen de crédito a empresas y hogares siguiera cayendo durante elejercicio, aunque a tasas menos negativas, como consecuencia del desapalancamiento gradual de algunos segmentos del sector privado.

La estabilidad de los depósitos fue compatible con el aumento del patrimonio de fondos de inversión, en gran medida por mayores suscripciones netas.

La ratio de crédito sobre depósitos de empresas y hogares continuó reduciéndose y se situaba a final de año un 50% por debajo del máximo alcanzado al inicio de la crisis.

El margen de intereses se estrechó un año más, aunque los menores ingresos por esta línea fueron compensados por el aumento de las comisiones netas y por un nuevo descenso de los gastos de explotación, que situó la eficiencia de la banca española entre las mejores de la eurozona.

LA RENTABILIDAD CONTINUÓ SOMETIDA A LA FUERTE PRESIÓN QUE EJERCEN UNOS TIPOS DE INTERÉS EN NIVELES TODAVÍA MUY BAJOS

Medida en términos de recursos propios, la rentabilidad del sistema se mantuvo por debajo del coste del capital, al igual que en la mayoría de países europeos. Para lograrlo, las entidades continuaron realizando ajustes estratégicos, con recorte de costes, fusiones y profundizando en el proceso de transformación digital.

En materia de supervisión, 2017 fue el segundo año de aplicación por parte del BCE del Proceso de Supervisión y Evaluación de Capital (SREP, por sus siglas en inglés), mediante el cual se fijan los requerimientos mínimos de capital exigidos a las entidades significativas, con la introducción del P2G (Pilar 2 Guidance o recomendado), un nuevo requisito no vinculante y de carácter confidencial.

El Banco Central Europeo, que tiene entre sus máximas prioridades la reducción de la morosidad, publicó una guía para las entidades de crédito sobre cómo hacer frente a sus elevados volúmenes de préstamos improductivos y promover un adecuado saneamiento.

El Consejo de Asuntos Económicos y Financieros de la UE (Ecofin) propuso un plan de acción con medidas adicionales para reducir el stock de préstamos dudosos, que han de adoptarse durante el primer trimestre de 2018.

En España se aprobó un decreto ley de medidas urgentes en materia financiera con dos novedades sustanciales: la reforma del régimen jurídico de las cooperativas y la creación de la deuda senior no preferente, la nueva categoría de pasivos para absorción de pérdidas que facilitará el cumplimiento del MREL y del TLAC.

UN PROCESO DE REFORMAS QUE NO CESA

En 2017 continuó el proceso de reformas regulatorias. A escala mundial prosiguió la implantación del colchón TLAC (requisito de absorción de pérdidas para las entidades sistémicas globales), que generó un incremento significativo en el volumen de emisiones.

En Europa, continuaron los avances hacia la Unión Bancaria, con el acuerdo para revisar los marcos de resolución de crisis y de solvencia, en línea con la reforma propuesta por la Comisión en noviembre de 2016.

Entre sus medidas destacan la introducción del TLAC en Europa y su alineación con el MREL (el nivel mínimo de pasivos exigibles para las entidades sistémicas europeas, de carácter individual), así como la creación de una nueva categoría de pasivos para absorción de pérdidas (la deuda senior no preferente).

La Junta Única de Resolución publicó su política respecto al MREL, en la que destaca que los objetivos serán fijados y comunicados a los bancos en el primer trimestre de 2018, no serán públicos, se revisarán anualmente y habrá un período de transición específico para cada entidad no superior a cuatro años.

Asimismo, se aprobaron disposiciones transitorias para mitigar el impacto en los fondos propios de las nuevas normas contables NIIF 9, fijadas para mejorar la cobertura de los instrumentos financieros.

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