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Informe BFA - Bankia 2014 / Gestión del riesgo Riesgo de crédito

Política de riesgos

Las políticas de riesgos son aprobadas por el Consejo de Administración y tienen como objetivo:

  • Estabilidad en los criterios generales de concesión.
  • Adaptación de criterios específicos por segmentos con los objetivos estratégicos de la entidad y con el entorno económico en el que se desarrolla la actividad.
  • Adecuación del precio al riesgo.
  • Límites a la concentración de riesgos.
  • Calidad de datos. Una adecuada valoración del riesgo requiere que la información empleada sea suficiente y de calidad, siendo por ello necesario garantizar la coherencia e integridad de la misma.
  • Solvencia.
  • Cumplimiento. Las políticas de riesgos de crédito deben ser atendidas en todo momento y las excepciones (con clientes de alta vinculación) deben ser aprobadas tras ser debidamente documentadas y justificadas.

LOS CRITERIOS GENERALES DE ADMISIÓN DEL RIESGO
SE DESARROLLAN A TRAVÉS DE CUATRO EJES

  • Actividad: Se centra en los particulares y pequeñas y medianas empresas de ámbito nacional. La operativa con empresas de mayor tamaño debe limitarse a la financiación a corto, banca transaccional y comercio exterior. La financiación de actividades inmobiliarias, proyectos, adquisiciones y activos está restringida.
  • Solvencia del acreditado: capacidad de pago , visión global del cliente , conocimiento del cliente y el sector , etc .
  • Operación: financiación acorde al tamaño y perfil del cliente , equilibrio entre financiación a corto y largo plazo y valoración de las garantías .
  • Riesgo medioambiental: Debe considerar se el impacto medioambiental de la actividad empresarial del acreditado as í como de los activos tomados en garantía.

Además de los cuatro grandes ejes que condicionan la admisión de riesgos, también tiene influencia la necesidad de aplicar una política de diversificación, estableciendo límites individuales y sectoriales.

Asimismo, de especial relevancia son los límites que se establecen a la financiación de sectores controvertidos por sus implicaciones sociales como inversiones o financiación en empresas de armamento controvertido, violación de los derechos humanos o cualquier actividad que pueda comprometer la ética de la entidad. En concreto, se prohíbe taxativamente la financiación de operaciones o proyectos cuya contrapartida u objetivo sean empresas con vinculación demostrada en la fabricación, distribución o comercialización de armas controvertidas (minas antipersona, municiones de racimo, armas biológicas o armas químicas). Tampoco se financian operaciones ni proyectos de empresas pertenecientes al sector de armas y municiones cuyo país de nacionalidad o residencia mantenga conflictos armados o figure en la relación de países sometidos a embargos de armas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la UE, los acuerdos de no proliferación y otras obligaciones internacionales. Queda asimismo prohibida la financiación de operaciones o proyectos vinculados a empresas en las que se haya demostrado violación de los derechos humanos.

Las políticas de riesgos introducen criterios específicos de admisión en función del segmento de cartera, entre los que cabe destacar la fijación de niveles mínimos de calificación así como de cobertura mínima de las garantías. Asimismo, se introducen criterios específicos por producto, estableciendo límites a aspectos tales como el plazo, coberturas mínimas, periodos de carencia, etc., así como criterios para su correcta utilización y control, tanto con carácter general como de manera específica para clientes en seguimiento.

En relación con la actividad inmobiliaria, como regla general se prohíbe su financiación con la excepción de aquellas inversiones destinadas a incrementar el valor de las garantías aportadas o permitir la desinversión y minimizar la posible pérdida final.

Otro aspecto relevante de las políticas de riesgo de crédito es el conjunto de condiciones establecidas para la valoración de las garantías admisibles como mitigante en operaciones de riesgos. Además de tener que satisfacerse en todos los casos las condiciones de certeza jurídica y correcta documentación, por cada tipo de garantía se establecen requisitos específicos como el de baja correlación, liquidez o valoración.

La entidad realiza una gestión anticipada de las posiciones de riesgos con los clientes para prever e intentar evitar situaciones complejas antes de que se produzca el impago.

En lo que se refiere al seguimiento de los riesgos, se establece una política de monitorización de la actividad empresarial con el objetivo principal de involucrar a todos los estamentos de la entidad en una gestión anticipada de las posiciones de riesgos con los clientes, que permitan prever situaciones problemáticas de deterioro antes de que se realice el impago.

Un apartado muy relevante es el relativo a los procesos de refinanciación y reestructuración, que tienen como finalidad adecuar la financiación a la capacidad actual del cliente para hacer frente a sus compromisos de pago. Estas operaciones deben perseguir la resolución del problema y nunca su diferimiento u ocultación.

Herramientas

La gestión del riesgo se desarrolla dentro de los límites y directrices que se establecen en las políticas y en el Marco de Apetito y Tolerancia al Riesgo. Esta se soporta en un conjunto de herramientas que según su funcionalidad pueden clasificarse en los siguientes tipos:

  • I. Clasificación de los riesgos
    Las herramientas de rating y scoring se utilizan para clasificar a los acreditados y/o las operaciones según su nivel de riesgo. Prácticamente todos los segmentos de cartera están sujetos a un proceso de clasificación que, en su mayor parte, se fundamenta en modelos estadísticos. Esta calificación no sólo ayuda a la decisión de riesgos sino que permite introducir, a través de los límites que se establecen en las políticas, el apetito y la tolerancia al riesgo decidido por los órganos de gobierno.

    Toda la metodología de análisis de la calidad crediticia de los acreditados y las operaciones se encuentra sustentada en el denominado “Sistema de Calificación Crediticia”, que integra, desde la segmentación en base a las características de los acreditados y sus operaciones, hasta el resultado final que es la asignación de una calificación.

    Como parte esencial de este sistema existen dos órganos consultivos: el Comité de Rating (constituido en 2013, decide en el ámbito mayorista) y el Comité de Credit Scoring (creado en junio de 2014 para supervisar los modelos para minoristas). Su objetivo es conseguir la consistencia en las decisiones sobre calificaciones de las carteras e incorporar información no recogida en los modelos que pueda afectar a las mismas. Ninguno de estos comités tiene capacidad ejecutiva pero son órganos consultivos que deben velar por el correcto funcionamiento del sistema de calificación en su conjunto. La clasificación de los riesgos incluye también el denominado sistema de niveles de seguimiento, cuyo objetivo es desarrollar una gestión anticipada del deterioro de la calidad de los riesgos ligados a actividades empresariales a través de su clasificación en cuatro categorías:

    • Nivel I o riesgo alto. Riesgos a extinguir de forma ordenada.
    • Nivel II o riesgo medio-alto. Reducción del riesgo.
    • Nivel III o riesgo medio. Mantenimiento del riesgo.
    • Resto de exposiciones consideradas normales.

    La determinación del nivel está relacionada con el rating, pero también inciden otros factores como la actividad, la clasificación contable, la existencia de impagos, la situación del grupo al que pertenece el acreditado, etc. El nivel condiciona las facultades en materia de riesgo de crédito así como la asignación de gestor. Todo riesgo tiene que estar gestionado y, para ello, se asigna de forma automática de acuerdo con su estatus.
  • II. Cuantificación del riesgo
    La cuantificación del riesgo de crédito se realiza a partir de dos medidas: la pérdida esperada de las carteras, que refleja el valor medio de las pérdidas y está asociada a la determinación de las necesidades de provisiones; y la pérdida inesperada, que es la posibilidad de que la pérdida real de un periodo de tiempo exceda sustancialmente a la esperada, afectando al nivel de capital que se considera necesario para cumplir los objetivos, el capital económico.

    Los parámetros para la medición del riesgo de crédito, derivados de los modelos internos, son la exposición en caso de incumplimiento, la probabilidad de incumplimiento de acuerdo con el nivel de calificación, y la pérdida en caso de incumplimiento o severidad. Estos parámetros pueden tener distintas acepciones (condicionados a la situación actual o como valores medios representativos de un ciclo económico completo) y, en consecuencia, cohabitar métricas diferentes, cada una de las cuales será la apropiada en función de la aplicación concreta que se desee realizar.

    Pérdida esperada y capital económico son medidas prospectivas del nivel de riesgo que soporta la entidad antes de que este llegue a realizarse. Por ello, la gestión del riesgo ha de fundamentarse en tales medidas o, de otro modo, no puede anticiparse a los problemas. En este sentido, el Marco de Apetito y Tolerancia al Riesgo recurre tanto a la pérdida esperada como al capital económico como medidas básicas para declarar los niveles de riesgo en los que la entidad desea encontrarse, así como los que no debe superar.
  • III. Proyección del riesgo
    Los modelos de tensión (stress test) son otro elemento clave de la gestión del riesgo de crédito, ya que permiten evaluar los perfiles de riesgo de las carteras y la suficiencia de recursos propios bajo escenarios adversos, contribuyendo de esta forma a una adecuada planificación de capital. El objetivo de estos ejercicios es valorar el componente sistémico del riesgo, contemplando también vulnerabilidades específicas de las carteras. Se analiza el impacto de escenarios macroeconómicos estresados sobre los parámetros de riesgo y las matrices de migración, pudiendo determinar no solo la pérdida inesperada (o solvencia requerida) sino también el impacto en resultados.

    Estos modelos de tensión también se están convirtiendo en una herramienta cada vez más importante en el proceso de supervisión de las entidades financieras, como se pudo ver en 2014 en el ejercicio europeo desarrollado por la EBA y el BCE, como paso previo a la asunción del Mecanismo Único de Supervisión en noviembre.
  • IV. Rentabilidad ajustada al riesgo
    La rentabilidad de una operación debe ser ajustada por el coste de los distintos riesgos que conlleva, no sólo el de crédito y, además, tiene que compararse con el volumen de recursos propios que es necesario asignar para la cobertura de pérdidas inesperadas o por cumplimiento de los requerimientos regulatorios de capital.

    Las medidas de riesgos se incorporan en las herramientas de fijación de precios que se basan en la rentabilidad ajustada al riesgo (RAR). De esta forma, es posible determinar el precio que satisface el RAR objetivo para una cartera o el precio que cumple un RAR mínimo por debajo del cual una operación no se considera admisible.
  • V. Dinamización del negocio
    Una de las funciones de la gestión de los riesgos es la creación de valor y el desarrollo del negocio de acuerdo con el apetito al riesgo establecido por los órganos de gobierno. En consecuencia, la Dirección de Riesgos es corresponsable de la dinamización del negocio de activo, proporcionando herramientas y criterios que permitan identificar clientes potenciales, simplifiquen los procesos de decisión y asignen líneas de riesgo, pero siempre dentro de los niveles de tolerancia definidos. Para este fin, se cuenta con herramientas y procesos de preconcesión y asignación de límites, tanto en el ámbito minorista como en empresas.
  • VI. Gestión recuperatoria
    La gestión recuperatoria se define como un proceso completo que arranca antes incluso de que se produzca el impago y que cubre todas las fases del ciclo recuperatorio hasta su resolución.

    Bankia aplica en el ámbito minorista modelos de alerta temprana cuyo objetivo es identificar problemas potenciales y aportar soluciones, que pueden pasar por la adecuación de las condiciones de financiación. De hecho, un buen número de las adecuaciones hipotecarias realizadas a lo largo del ejercicio fueron consecuencia de propuestas realizadas por la entidad de manera proactiva.

    En el ámbito empresarial, el propio sistema de niveles persigue el mismo fin: la gestión anticipada de la morosidad. En consecuencia, toda la cartera es monitorizada de manera que la morosidad sea siempre el fracaso de una negociación previa.

    La gestión recuperatoria requiere disponer de herramientas de gestión ágiles que permitan, por un lado, cuantificar en tiempo real el resultado de la actividad de los distintos intervinientes en el proceso y, por otro, poder definir ágilmente diferentes estrategias de recobro explotando toda la información disponible, incluyendo las valoraciones que proporcionan los denominados modelos de recuperaciones. Por este motivo, la entidad realizó un esfuerzo muy importante en 2014 para dotarse de una nueva herramienta que permitirá alcanzar una mayor eficacia en la gestión y contribuirá decisivamente en la industrialización de los procesos recuperatorios.

Perfil de riesgos

Atendiendo a la distribución de Activos Ponderados por Riesgo (APRs), el perfil de riesgos de Bankia presenta un claro predominio del riesgo de crédito y, dentro de él, la cartera hipotecaria, seguida del crédito a empresas.

En el último año, descendió un 83,5% la cartera de renta variable, dada la venta de las participaciones en Iberdrola, NH, Mapfre y Deoleo. También disminuyó la cartera de renta fija en 6.187 millones por el vencimiento de emisiones.

Uno de los hitos principales conseguidos en 2014 por el Grupo Bankia fue la reducción de los dudosos en 3.475 millones de euros, por encima de las previsiones iniciales, lo que permitió reducir la tasa de morosidad hasta el 12,9%, 1,8 puntos por debajo del cierre de 2013, al tiempo que aumentó la cobertura hasta el 57,6%. Un factor que contribuyó sustancialmente a este resultado fue el proceso de selección y venta de carteras dudosas por importe de 1.486 millones.

Perfil de riesgos

Distribución inversión dudosa por componentes

De la inversión dudosa, un 56% lo es por motivos objetivos, incluyendo morosidad, concursos y litigios; un 27% corresponde a criterios subjetivos, y el 17% restante recoge exposiciones refinanciadas o reestructuradas en periodo de cura.

La cuantificación del riesgo de crédito a cierre del ejercicio 2014 utilizando las medidas de exposición en c aso de incumplimiento (EAD), pérdida esperada, capital económico y capital regulatorio tiene la siguiente distribución por carteras.

La pérdida esperada representa un 4,1% de toda la exposición considerada, incluyendo la cartera incumplida, por lo que estaría plenamente cubierta por el nivel de provisiones existente a cierre del 2014. El capital económico es, en general, inferior al regulatorio, especialmente en la cartera hipotecaria. En esta última, la aplicación de los criterios sobre refinanciaciones ha llevado a una depuración de esta cartera, de forma que las exposiciones no incumplidas se corresponden con operaciones que han superado la crisis asumiendo sus compromisos de pago y que acumulan, además, una antigüedad media elevada.

En las carteras donde el capital económico supera al regulatorio es como consecuencia del componente específico ligado a la concentración. Este componente está experimentando una tendencia descendente de acuerdo con la intención de la entidad de r educir sus mayores exposiciones. Del análisis de estos datos se puede concluir que la entidad cuenta con un nivel más que suficiente de provisiones y recursos propios para afrontar con un nivel de confianza muy elevado tanto las pérdidas esperadas como las no esperadas.

Riesgos de crédito
Cartera EAD Capital regulatorio Capital económico Pérdida esperada
Sector público 43.309 241 0,6 % 320 0,7 % 175 0,4 %
Bancos 29.634 431 1,5 % 284 1,0 % 69 0,2 %
Empresas 40.805 1.848 4,5 % 1.964 4,8 % 3.726 9,1 %
Promotores 2.535 134 5,3 % 388 15,3 % 865 34,1 %
Hipotecario 69.918 1.949 2,8 % 1.117 1,6 % 2.574 3,7 %
Consumo 2.315 107 4,6 % 67 2,9 % 101 4,3 %
Tarjetas 3.258 67 2,1 % 55 1,7 % 42 1,3 %
Microempresas y autónomos 6.996 239 3,4 % 119 1,7 % 686 9,8 %
Renta variable 351 66 18,9 % 0 0,0 % 9 2,5 %
Total 199.121 5.082 2,6 % 4.314 2,2 % 8.248 4.1 %