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Informe BFA - Bankia 2014 / Entorno económico y financiero

  • PIB
    +1,4%
  • Inflación
    -1%
  • Precio de la vivienda
    -0,3%
  • Hipotecas contratadas
    +1,6%
  • Financiación nueva
    210.000 M€
  • Creación de empleo (EPA)
    433.900

A lo largo de 2014 se fue consolidando la senda de recuperación de la economía española, iniciada a mediados del año anterior.

El balance de 2014 para la economía mundial fue algo decepcionante. El crecimiento volvió a ser inferior al potencial por tercer año consecutivo, acusando, principalmente, la fuerte debilidad en los trimestres centrales del año de la zona del euro (prácticamente estancada) y de Japón (en recesión). En positivo, destacó nuevamente Estados Unidos que, tras un bache al inicio del año, recuperó rápidamente ritmos de crecimiento dinámicos. La situación en Europa permaneció frágil –el conflicto entre Rusia y Ucrania y una inflación demasiado baja, próxima a cero, generaron incertidumbre adicional– y muy desigual. Reino Unido y algunas economías periféricas, como Irlanda y España, parecen haber consolidado tasas de crecimiento relativamente sólidas, mientras que Alemania mostró signos de debilidad, Francia cerró otro año sin apenas crecimiento e Italia otro contractivo (tercero consecutivo).

Las economías emergentes conservaron, en general, un ritmo de crecimiento superior al de las desarrolladas, pero siguen desacelerándose por la acumulación de debilidades específicas y de factores externos tradicionalmente desfavorables: expectativas de subidas de tipos en EE.UU. en 2015, fortalecimiento del dólar y fuerte ajuste en el precio de algunas materias primas, sobre todo el petróleo, que acumuló un descenso próximo al 40% en el segundo semestre. Preocupan, el menor crecimiento de China y, sobre todo, la crisis que atraviesa Rusia.

En este contexto, los principales bancos centrales mantuvieron tendencias divergentes en sus políticas monetarias, aunque siempre dentro de la prudencia. Así, el BCE, dado el frágil contexto de crecimiento e inflación, bajó su tipo de intervención 10 puntos básicos en sus reuniones de junio y septiembre, hasta situarlo en el 0,05%, y convirtió en un coste para los bancos el exceso de liquidez que atesoran en el BCE, al situar el tipo de las facilidades de depósito en territorio negativo. Además, implementó una serie de operaciones de suministro de nueva liquidez condicionada a crecimientos en el crédito y programas de compras de cédulas y titulizaciones, con la intención de ampliar el tamaño de su balance en torno a un billón de euros en un horizonte de dos años. También el Banco de Japón aumentó los estímulos, estableciendo un objetivo de ampliación de la base monetaria de 80 billones de yenes anuales. A diferencia de ellos, la Fed redujo el volumen de sus compras de activos hasta concluirlas en el mes de octubre y las previsiones ahora giran en torno al momento de su primera subida de tipos.

Este entorno de tipos anormalmente bajos y expectativas muy contenidas está influyendo positivamente en la deuda pública. En concreto, en el caso de la española, la rentabilidad de su bono a 10 años bajó hasta mínimos históricos (por debajo del 2%) y la prima de riesgo se acercó al 1% a final de 2014.

Las expectativas para el escenario económico en 2015 son favorables. Las estimaciones para el crecimiento mundial son las más elevadas desde 2011 y se prevé que la mejora sea más intensa en los países desarrollados que en los emergentes. La UEM seguirá creciendo a un ritmo modesto, probablemente, en torno al 1,5%, tras apenas un 0,9% en 2014. Sin embargo, los riesgos parecen más equilibrados: preocupa la debilidad estructural de Francia e Italia, la salida del rescate de Grecia y la mayor inestabilidad política en los países del sur, pero la UEM se beneficiará del fin del lastre de la consolidación fiscal, de un BCE comprometido con el crecimiento y proactivo contra el riesgo de deflación –ya iniciado 2015 ha ampliado el programa de compra de activos, incorporando deuda pública– y, sobre todo, del debilitamiento del euro y de la caída de los precios del petróleo. El sesgo expansivo de la política monetaria en la UEM contrastará con el inicio del ciclo alcista en los tipos de interés de la Fed.

Economía española

A lo largo de 2014 se fue consolidando la senda de recuperación de la economía española, iniciada a mediados del año anterior. Así, el PIB, tras encadenar seis trimestres de aumentos, registró un crecimiento del 1,4% en el conjunto del año, el primer dato positivo desde 2008 y que contrasta con el retroceso del ejercicio anterior (-1,2%). Esta favorable evolución de la actividad, que se materializó también en la creación de empleo, se produjo en un contexto de mejores condiciones de financiación, gracias a la recuperación de la confianza de los mercados y a los avances en el saneamiento del sistema bancario.

Al mismo tiempo que se afianzaba el dinamismo de la actividad, se confirmaba la vuelta a un patrón de crecimiento basado en la demanda interna, ya que, por primera vez desde 2007, esta contribuyó positivamente al avance del PIB. Por un lado, impulsado por la mejora de la confianza y del mercado laboral, el gasto de las familias repuntó con intensidad, por encima, incluso, de su renta, de forma que el ahorro se debilitó y cayó a mínimos desde finales de 2012. En segundo lugar, las empresas intensificaron los procesos inversores en un entorno favorable, caracterizado por el fortalecimiento de la demanda, la mejora de las perspectivas, los mayores beneficios y facilidades de financiación y el aumento de la utilización de la capacidad productiva en la industria. Destacó, asimismo, el fin del ajuste de la construcción, que dejó de aportar negativamente al PIB en términos trimestrales. La demanda externa tuvo un progresivo empeoramiento de su contribución al crecimiento por el empuje de las importaciones dado el tirón del consumo y la inversión. No obstante, hay que valorar positivamente la mejora de la competitividad derivada del impacto positivo de la depreciación del euro y la resistencia de las exportaciones, reflejando el esfuerzo por mejorar la competitividad y diversificar la base exportadora.

El mercado de la vivienda mostró señales de un suave proceso de reanimación, tras el profundo ajuste alcanzado, tanto en precios como en cantidades. La demanda inició una moderada recuperación, apoyada, fundamentalmente, en el segmento de vivienda usada. El interés inversor extranjero siguió siendo un dinamizador del mercado. Además, en la segunda mitad del año, se comenzó a observar un ligero repunte de la actividad hipotecaria, que podría marcar el paulatino retorno de la demanda nacional al mercado.

En 2014, por primera vez, la inflación cerro el año en negativo permitiendo mantener el poder adquisitivo de las familias.

El ajuste de precios siguió perdiendo intensidad en términos globales, de manera que en 2014 el descenso total anotado fue el menos acusado desde el inicio de la crisis. No obstante, este balance enmascara un comportamiento desigual a nivel geográfico, donde varias comunidades autónomas mostraban ya un repunte desde mínimos, frente a otras en las que, por su mayor retraso en el ciclo o por la mayor dimensión de su desajuste, aún presentaban descensos de precios.

Por otro lado, la economía española generó en 2014 capacidad de financiación por tercer año consecutivo, si bien fue de menor cuantía que en 2013, debido al tirón de la demanda interna y el consiguiente debilitamiento del ahorro. Por su parte, por primera vez, la inflación cerró el año en negativo, como consecuencia, básicamente, de la intensa caída de los precios de la energía en el tramo final del ejercicio. Si bien este contexto desinflacionista frena el proceso de desapalancamiento público y privado, también permite mantener el poder adquisitivo de las familias, compensando la contención salarial.

A pesar de que en la segunda mitad de 2014 tomaron fuerza algunos riesgos, como un menor crecimiento del esperado en la UEM, la pérdida de impulso de las economías emergentes o algunos episodios que introdujeron incertidumbre en el panorama político, estos se vieron contrarrestados por nuevos impulsos en el escenario, en especial el acusado abaratamiento del petróleo y la intensa depreciación del euro. En consecuencia, se espera que la recuperación tome fuerza en 2015 y el crecimiento del PIB supere el 2,5%, siempre y cuando no se materialicen los riesgos y se mantengan las favorables condiciones de financiación. La renta disponible de las familias se verá impulsada por el abaratamiento de los combustibles y por la rebaja fiscal. Además, la depreciación del euro favorecerá un mayor dinamismo de las exportaciones.

Entorno bancario

El entorno económico influyó en la marcha del sector bancario que, a lo largo de 2014, mostró una mejora progresiva en aspectos fundamentales del negocio, al tiempo que se recuperó la confianza en su fortaleza, acreditada por los buenos resultados obtenidos en el examen de valoración global llevado a cabo por el Banco Central Europeo. No obstante, el futuro plantea retos importantes para las entidades, inmersas en un entorno de tipos de interés bajos, perspectivas de crecimiento todavía modestas y crecientes exigencias regulatorias.

Durante el ejercicio, continuó el necesario desendeudamiento de la economía española, cuyo ratio de crédito privado sobre PIB sigue siendo superior a la media de la UEM. Debido a este proceso, el saldo del crédito privado volvió a contraerse, terminando el ejercicio con una reducción del 7%, si bien el ritmo de caída se moderó en la segunda mitad del año. A ello contribuyó la reanimación del flujo de crédito nuevo concedido a familias y a pymes que, en diciembre, acumulaba cerca de 210.000 millones de financiación nueva, un 11,4% más que en el año anterior. También fue clave el freno del deterioro de la calidad crediticia, que permitió reducir el saldo de dudosos por primera vez desde el inicio de la crisis y situar la tasa de morosidad del crédito por debajo del 13%, aunque sigue en niveles históricamente altos. La mejora de las condiciones de financiación permitió a las entidades disminuir la dependencia del Banco Central Europeo mientras aumentaba el peso de los recursos minoristas en el pasivo, a pesar de que el atractivo del ahorro se desvió hacia productos menos afectados por el entorno actual de tipos de interés muy bajos, como los fondos de inversión. Tanto la evolución del crédito como la de los depósitos ayudaron a avanzar en la recomposición de los balances de las entidades.

En el ámbito de la reestructuración, se dio un nuevo impulso a la consolidación del sector mediante operaciones protagonizadas por grupos nacionales y extranjeros, entre las que destacan la compra de NCG Banco por el grupo venezolano Banesco, de Catalunya Banc por BBVA y la integración de Banco CEISS en Unicaja. Asimismo, en febrero, el FROB vendió un 7,5% del capital de Bankia por un importe de 1.304 millones de euros. La optimización de recursos continuó en el ejercicio con nuevos ajustes de plantillas y de oficinas que, desde máximos de 2008, acumulan una reducción del 25% y 30%, respectivamente.

Los balances volvieron a reforzarse durante el ejercicio tras la entrada en vigor de la nueva normativa prudencial de solvencia de la Unión Europea, basada en Basilea III, que establece requisitos de capital con mayor capacidad de absorción de pérdidas. Las entidades respondieron a los nuevos requerimientos aumentando los niveles de recursos propios de mayor calidad, de forma que el ratio de capital ordinario de nivel 1 (CET 1) para el conjunto del sector terminó el año muy por encima del mínimo exigido en esta fase de transición (el 4,5%).

El esfuerzo sostenido en solvencia y en saneamientos de los últimos años fue refrendado por los buenos resultados obtenidos en el ejercicio de evaluación global llevado a cabo por el Banco Central Europeo, publicados en octubre. Este examen formó parte de los trabajos de preparación del Mecanismo de Supervisión Único europeo, liderado por el Banco Central Europeo, que desde el 4 de noviembre asumió plenas facultades de supervisión de entidades bancarias en Europa, constituyendo el primer hito de la Unión Bancaria. El ejercicio consistió en la valoración de la calidad de los balances de las entidades más relevantes de la Unión Europea y de su capacidad de absorber pérdidas en escenarios adversos. Los resultados del sector bancario español fueron muy satisfactorios, mostrando unos balances saneados, que reflejan adecuadamente la situación de las entidades, y una posición sólida de solvencia.

Las tendencias de mejora en el sector bancario, todavía incipientes, se han trasladado a la cuenta de resultados en forma de reducciones de los gastos operativos y del coste del riesgo, que permitieron compensar la limitada capacidad de generar ingresos recurrentes en el contexto actual de actividad y de tipos de interés. Como resultado de ello, se ha producido una ligera recuperación de los ratios de rentabilidad.

En los próximos meses, la rentabilidad continuará siendo uno de los principales retos del sector junto a la necesaria adaptación a los nuevos desarrollos en el entorno regulatorio. En el ámbito europeo, continúa la construcción del marco institucional creado para Unión Bancaria organizado en torno al Mecanismo Único de Supervisión, ya operativo, y el Mecanismo Único de Resolución, que funcionará desde 2015. A nivel internacional, se están discutiendo nuevos requerimientos para ampliar la capacidad de las entidades para absorber pérdidas en caso de resolución, que incluiría instrumentos de deuda. En este panorama bancario, las ganancias de eficiencia y las mejoras de productividad logradas en la fase de reestructuración serán una ventaja comparativa significativa para la rentabilidad.